domingo 28 de octubre de 2007

Meditación Vipassana

Promediaba el año 1990. Se estaba jugando el Mundial de Fútbol en Italia y yo veía casi todos los partidos de aquel entretenido campeonato. Sin embargo todos los sábados por la tarde me dirigía a Flores, para tomar mis clases de Concentración Mental, Meditación y estudio de filosofía hindú..Recuerdo que en uno de esos sábados estaban jugando Inglaterra y Camerún, partido interesantísimo por su desarrollo, según notaba por la transmisión radial que me acompañó durante el viaje en colectivo. Y yo, para “mis adentros” me preguntaba si no hubiese sido más lógico quedarme en casa viendo aquel cotejo en lugar de estar buscando un “no se qué” espiritual.Pero por algo estoy hablando de estas cosas a más de 17 años... Uno de esos sábados experimenté algo que me hizo saber que eso de “ver para creer” no es una frase propia de ateos y cientifistas. Supe que lo espiritual puede ser experimentado objetivamente y comprobado por uno mismo con idéntica veracidad con que se puede afirmar que el sol existe .La experiencia, como en casi todos los casos no es transferible, aunque si son transferibles los medios para alcanzarla. Yo hasta entonces había oído hablar con leve escepticismo de “ciencia de la meditación”. ¿Ciencia?, decía para mis adentros mi lógica occidental. Pero los resultados, que superaron a mis expectativas, fueron contundentes. Experimenté el contacto con lo luminoso que me habita y que soy cuando Soy (sepan entender que estoy tratando de expresar con palabras algo que no se puede mensurar con parámetros convencionales).Experimenté El Ser. Y ya no pude dejar de creer en él. Cierto es que tuve períodos de “distracciones sensoriales” en los que quien veía en que ámbitos me movía hubiese dudado de mi real cambio de paradigmas. Sin embargo yo nunca dudé que aquello me había tocado de tal forma que ya no había marcha atrás en los aspectos inherentes al sentido de mi búsqueda. Distraído anduve, y a veces ando, pero ya no a la deriva. Si, tal vez hubiera sido más “lógico” quedarme en casa viendo aquel partido de fútbol, pero no más provechoso. En ésta sociedad se le llama lógico o normal a no hacer nada fuera de lo previsible. Pero a veces nuestro interior nos invita a tomar un camino que, una vez superado el miedo a quedar como “bichos raros”, puede darnos más satisfacción que el encajar casi de prepo en un molde social que nos proponen y que, quizás, no sentimos como propio.. Como dije antes, experimenté mi Ser... eso no quiere decir que me fundí inapelablemente con Él y que así alcancé el Nirvana, la Sabiduría o cosa parecida. Diciéndolo en lenguaje futbolero, ya que hemos mencionado ese deporte: como experiencia no está nada mal pero tampoco es como para cerrar la cancha e irse a festejar. El partido hay que seguir jugándolo, con simpleza pero sin displicencia; con claridad de objetivos pero sin perder la alegría que da participar en un juego lleno de desafíos, un Gran Juego; el de la vida.